La guerra híbrida de Rusia contra occidente tiene un aliado secreto en la 'flota fantasma' que a las órdenes de Vladimir Putin trata de sortear los embargos decretados por los aliados de Ucrania en castigo a la invasión del país. Pero las denuncias de Finlandia han sacado a la luz otra de las supuestas labores de estos buques a los que las autoridades escandinavas acusan de sabotear los cables submarinos en el mar Báltico.
La Policía finlandesa ha anunciado este mismo viernes que empezará a investigar el fondo marino alrededor del buque 'Eagle S', que se encuentra actualmente retenido frente a la costa de Porkkala, a unos 30 kilómetros de la capital, Helsinki.
La Guardia Fronteriza finlandesa ha aumentado su nivel de preparación para evitar derrames de petróleo, mientras que las autoridades marítimas suecas han reforzado los controles de tráfico, según ha recogido la cadena de televisión SVT.
Por su parte, el ministro de Defensa estonio, Hanno Pevkur, ha anunciado a primera hora de la mañana que la Marina empezará a proteger el cable submarino con patrulleros para asegurar las conexiones entre Estonia y Finlandia.
El director general de Aduanas, Sami Rahskit, indicó en la víspera que el barco investigado pertenece a la llamada "flota fantasma" de Rusia, si bien el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, ha asegurado que la rotura del cable "no es un asunto importante" para la Presidencia rusa, según ha recogido la agencia de noticias TASS.
Según las primeras investigaciones, fuerzas de la Guardia Fronteriza finlandesas retuvieron el barco, si bien las anclas del camión cisterna no salieron a superficie. El 'Eagle S', con bandera de Islas Cook, transportaba gasolina recargada de un puerto ruso.
Las autoridades de Finlandia investigan así si el buque pertenece a la llamada flota en la sombra de Rusia, embarcaciones de terceros países que ayudan a transportar mercancías prohibidas a Rusia o para beneficiar al Kremlin en el marco de las sanciones impuestas por países occidentales en represalia por la guerra de Ucrania.
Según fuentes del diario británico 'Lloyd's List', el barco tenía un equipo de alta tecnología de espionaje --cuya función era escuchar las conversaciones radiofónicas de aviones de la OTAN-- que consumía más energía de la que podía soportar el generador, lo que provocó repetidos apagones en la embarcación.
Como respuesta, la OTAN ha decidido aumentar su presencia militar en el mar Báltico después de los fallos registrados en el EstLink2, un cable de electricidad submarino que conecta Finlandia con Estonia.
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