La salud financiera es un concepto fundamental que determina la estabilidad y capacidad de una persona para poder gestionar sus finanzas de manera efectiva, asegurando tanto su bienestar actual como su seguridad económica a largo plazo.
Tener una buena salud financiera implica poder cubrir las necesidades diarias, ahorrar para metas futuras y también, ser capaz de manejar imprevistos económicos sin caer en deudas excesivas. Aunque pueda parecer algo complejo, medir la salud financiera es más sencillo de lo que se puede pensar si se comprenden unos elementos clave.
Cuando se habla de salud financiera, se refiere a la habilidad de manejar el dinero de manera equilibrada. Este concepto incluye pagar las facturas a tiempo, tener el hábito del ahorro, evitar deudas innecesarias y planificar inversiones para el futuro.
Por el contrario, una mala salud financiera tiene como característica el estrés constante, deudas acumuladas y la incapacidad de hacer frente a imprevistos sin incurrir en deuda.
El primer paso para saber cuál es el estado de salud financiera de alguien es conocer los factores que la afectan. Estos factores son los ingresos, los gastos, el ahorro, las deudas y el patrimonio.
Los ingresos representan la cantidad de dinero que se recibe. Esto no tiene que ser a través de un trabajo, también pueden ser inversiones o negocios. Por otro lado, los gastos reflejan de qué manera se usa el dinero. Estos gastos se dividen en fijos como puede ser un alquiler o la hipoteca, y en variables, que entrarían categorías como ocio o compras variadas.
Otra parte importante es el ahorro, ya que es esencial para poder tener una estabilidad financiera y conseguir objetivos futuros. Las deudas, por el contrario, deben manejarse con mucho cuidado ya que, tienen la capacidad de comprometer cualquier economía. Y por último, el patrimonio que es la diferencia entre lo que se posee, es decir, activos y lo que se debe, o también pasivos.
Para calcular la salud financiera, hay varios indicadores que pueden ayudar a dar una visión clara de la situación económica de cada uno. Por un lado está el índice de ahorro mensual, éste mide el porcentaje de los ingresos que se destinan al ahorro. La fórmula es muy sencilla: se divide el ahorro mensual por los ingresos totales y se multiplica por 100. Un ejemplo sería, si se ganan 2.000 euros al mes, y se ahorran 300, el índice de ahorro sería de un 15%. Lo ideal y lo que más se recomienda es que se ahorre al menos un 20%.
Otro indicador importante es la relación deuda-ingreso. Esto muestra qué porcentaje de los ingresos se destinan al pago de deudas. La fórmula para hacerlo es también simple, se divide el total de pagos de deuda mensual por los ingresos totales, y se multiplica por 100. Continuando con el ejemplo, sería que si las deudas mensuales suman 600 euros, y los ingresos son 2.000 euros, la relación deuda-ingreso es del 30%. Un porcentaje saludable es uno que no supera este valor.
Por otro lado, también se encuentra el fondo de emergencia, el cual es otro indicador fundamental de buena salud financiera. Lo ideal es que este fondo pueda cubrir entre tres y seis meses de gastos esenciales. Para poder calcular cuál es la cantidad de fondo de emergencia que se necesita, se han de sumar los gastos básicos mensuales, como puedan ser vivienda, alimentación y servicios, y esta cantidad se multiplica por 3 en caso de ser tres meses o por 6, si fueran seis meses.
El patrimonio es otro indicador clave para conocer la salud financiera. Este se obtiene restando las deudas que se tengan, a los activos de los que se dispongan. Por ejemplo, en el caso de tener 10.000 euros en ahorros y una vivienda que está valorada en 150.000 euros, pero se deben aún 50.000 euros de la hipoteca y 5.000 en tarjetas, en este caso, el patrimonio neto sería de 105.000 euros. Un patrimonio positivo siempre es un indicativo de una buena salud financiera.
Si al hacer estos cálculos se notase que hay áreas en las que se necesita mejorar, se pueden seguir varios consejos para fortalecer las finanzas: